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martes, 27 de julio de 2010

Restaurante Gumbo (Madrid)

RESTAURANTE GUMBO
Calle del Pez, 15. Madrid
Tlfn.: 91.532.63.61

Por Compangu


Hay lugares que producen una extraña atracción. En ellos se da una conjunción de cultura, música, historia y, como no, gastronomía, que hace que siempre que surge algo relacionado con aquella zona salte el radar.

Hace unos años, mi indispensable Aloque me habló del GUMBO, un sitio en el barrio de Malasaña de Madrid donde preparaban comida criolla y cajún, y el radar saltó. Porque ese tipo de comida tiene su origen en la zona de Luisiana, que con su impresionante mezcla de influencias, con su breve pero convulsa historia, con su música sin igual, tiene además una gastronomía propia, original, fruto del encuentro de cocinas como la francesa, la mediterránea, la caribeña, la africana, la estadounidense y hasta la italiana. Para hacerse una idea de que digo, un buen punto de partida es la completa entrada que hay en la wikipedia.

El GUMBO tiene aspecto informal, parece más un bar moderno con menús del día o una cafetería. Allí oficia Matthew Scott, un cocinero con pinta de ingeniero informático que sale de vez en cuando en el Canal Cocina preparando platos de su tierra. El servicio es joven, atento y desenfadado, sugiriendo en el momento adecuado, y sin llegar al amiguismo ni al peloteo.
Nosotros éramos seis comensales y, por aquello de probar lo más posible, pedimos todos los platos al centro de la mesa, para lo cual no pusieron el más mínimo problema.

Es ya una declaración de intenciones la ensalada de pollo cajún (10,00€), un plato en teoría “suave” que adquiere potencia y profundidad con la presencia del citado pollo y queso parmesano. Los tomates verdes fritos (8,50€) justifican por sí solos la visita al restaurante, son un vicio los carnosos tomates con su grueso rebozado, y tanto o más viciosa es la salsa remoulade o remolaude que aquí hacen con camarones o gambas pequeñas, el mejor plato de la noche. Más efectista que efectivo, el cangrego de caparazón blando (16,00€) es un plato que hay que probar, eso de meterse un trozo de cangrejo con su cáscara rebozada tiene su punto, pero el sabor, como digo, no es muy intenso, lo es más el del arroz que lo acompaña. Con el bonito ennegrecido (16,50€) hay que tener suerte (o estar muy vivo) con el trozo que te toca, pues hay bastante diferencia entre la parte de fuera, algo seca, y la de dentro, jugosa y fresca, con el sabor del bonito muy marcado. No estuvimos afortunados pidiendo el lomo de buey (18,00€), pues ni la calidad de la pieza, un pelín “histérica”, ni el excesivo punto que le dieron a la carne, hicieron que pudiéramos disfrutar como se merecía de una preparación en teoría tan apetecible; lo que sí estaba muy rico era el puré de patatas y ajo que servía de guarnición.

De postre, de entre las diferentes posibilidades, nos fuimos a por una casi compacta y a la vez sorprendentemente jugosa tarta de zanahoria (6,00€), no excesivamente dulce pero sí sabrosa, un postre contundente.
A diferencia de otros restaurantes de comidas extrajeras, en éste la carta no es excesivamente extensa, lo que para mí es una ventaja, pues hay algunos en los que realmente acabas perdido entre tanta propuesta. Aquí, aparte de lo dicho, se pueden encontrar cosas como gumbo de marisco (una sopa espesa), mejillones gratinados, picantón (pollo) de granja frito, tarta de limón y merengue o de crema de cacahuete. Y también hay una pizarra donde puedes ver las sugerencias del día como un rissoto verde con setas o el solomillo Amstrong.

En lo que respecta a lo líquido, aparte de un buen surtido de cervezas estadounidenses tienen una carta de vinos peculiar, pues en ella priman las referencias extranjeras, y las españolas no son de las por todos conocidas. Nosotros pedimos: un “Les Vieilles Vignes de Sylvaner” (25,00€) de Domaine Ostertag (Alsacia) que me pareció un vino flojo, tanto de aspecto, como en nariz y boca, un “Riseis di Recastro” (19,50€) de Montepulciano D' Abruzzo cuya chardonnay hacía que se mostrase mucho más expresivo que el anterior, y acabamos con un “Manto Negro” (21,00€) D.O. Binissalem-Mallorca, hecho con la intensa variedad que le da nombre y que volvió a demostrar lo interesante que es el trabajo que están haciendo con los vinos de Baleares.

También tiene varios cócteles a 6,75€, de los que probé el old fashioned, el cosmopolitan y otro que no recuerdo, y que me parecieron totalmente prescindibles.

No es un sitio el Gumbo para tomar cócteles. Es un sitio para disfrutar de una cocina diferente que, si bien suavizan en su presentación para amoldarla a los gustos de aquí, muestra suficiente contundencia, abundancia, variedad, colorido y, sobre todo, sabor como para encontrar eso que buscamos, sobre todo, en restaurantes de cocinas foráneas: autenticidad.


Si alguien no puede ver el video en el blog, este es el ENLACE

miércoles, 10 de febrero de 2010

Asador Restaurante Bedua (Barrio Bedua - Zumaia - Guipúzcoa)

ASADOR-RESTAURANTE BEDUA

Barrio Bedua – Zumaia - Guipúzcoa

Tlfn.: 943.860.551
http://www.bedua.es/

Por Compangu

Su página web indica dos formas de llegar al Asador Restaurante Bedua. Una es por la autopista, ya se venga de Bilbao o de San Sebastián, y la otra es por la costa, desde San Sebastián. Fue esta última la que escogimos nosotros, con la variación obligada que luego comentaré. A pesar de lo adverso de lo meteorológico, pudimos disfrutar de un paisaje guapísimo, con obligadas paradas en Zarauz y Guetaria, localidades que van más allá de ser bellos pueblos marineros, pues su parte vieja, llena de encanto, revela que aquí hay Historia, y mucha.

Cuando íbamos a salir de Guetaria hacia Zumaia, nos encontramos que la carretera de la costa estaba cortada, debido a un argayu, con lo cual teníamos que volver a la autopista o ir por una carretera provincial, pasando por Meaga. Como teníamos tiempo, elegimos la segunda opción, y acertamos pues la vista de unas laderas dedicadas al cultivo del txacolí y de pequeños pueblos con la típica arquitectura rural vasca compensó con suficiencia el enrevesado tramo necesario para llegar al destino.

La impresión que da el exterior del local es el de un caserón amplio un tanto descuidado, rodeado por un entorno que, si no llega a ser por un polígono próximo, se le podría dar sin problema el manido término de “privilegiado”: en el fondo de un valle rodeado de montes bajos y próximo a la desembocadura de un río culpable del verdor de los huertos, que deja entrever que todo lo que de allí salga tiene que estar rico. Una vez dentro te encuentras con un comedor con mucha madera, de buen tamaño, mesas cómodas, y con una luminosidad tenue; un espacio cálido.

Aunque se llega con la idea de pedir la chuleta de rigor y alguna entrada, la carta te tienta con propuestas como la menestra de verduras, los pimientos, la tortilla de patatas, otros cortes de carne...

También nos ofrecieron algunos “fuera de carta” como percebes, cigalas, y algún plato de caza.

Al oir la palabra “cigalas” a mi acompañante se le iluminaron los ojos y, tras preguntar el precio, que ya se sabe lo que pasa con los “fueras de carta”, pedimos un par de ellas. Dos ejemplares “cuatreadas” a la plancha nos sirvieron para estar entretenidos un buen rato buscando hasta la última brizna de una carne que si bien no tenía un nivel de matrícula de honor, sí estaba deliciosa.

Tras el mar, nos fuimos a la montaña con una generosa ración de “hongos”. Trozos pequeños, preparados con un chorrín de aceite, perejil, sal y un poco de calor, desplegaban en el plato olores y sabores suaves pero marcados, silvestres, naturales, puros. Uno de esos platos que da pena que se acabe, primero por el disfrute inmediato que termina, y después, porque sabes que vas a tardar en probar algo tan auténtico.

Llega lo serio, la chuleta la presentan troceada, con ese interior casi sangrante pero al que le llegó la temperatura idónea. Si bien he comido alguna que otra carne con más calidad, la preparación de este lugar fue la mejor; algo, a priori, tan sencillo como unas brasas y una parrilla, alcanza aquí su máxima expresión, sacando de cada pieza de carne lo mejor que puede dar... y más. Ese regusto a humo que dejan las ascuas de una buena madera es algo que hay que saber lograr, y aquí lo saben. Acompaña a la chuleta un bol con lechuga y cebolla, la primera tiene sabor (sí señores, existen lechugas que saben) y la segunda ese toque frescura tan necesario ante platos como este.

De postre compartimos una ración de tarta de queso en una presentación que parece repetirse bastante por estos pagos: interior cuajado, aunque no compacto, con una mermelada de arándanos por encima que, visto el rastro que dejó en el planto, dudo mucho que no fuera casera; y todo servido a temperatura templada. De sabor tenue, no llegaba a esos excesos de dulzura que tanto se ven en este postre.

Para beber, dos botellas de Sidra de Mesa Calonge. Quizá al apartado sólido le hubiera venido bien un clásico Rioja de los numerosos que figuraban en su carta, pero el volante impone restricciones, y ésta es la más triste de todas. De cualquier manera, esta sidra, fresquina y con ese puntín algo más ácido que las de aquí, le iba muy bien a los tres platos que tomamos.

Con un chupito de un buen orujo de hierbas y un potente café, salió todo por muy poco más de 100€ (siento no ser más preciso, pero no conservo la factura). Así que, aunque algunos lugareños nos comentaran que el sitio es más bien caro, yo, que tampoco soy un experto en la zona, teniendo en cuenta factores como la situación privilegiada, el tranquilo comedor, un servicio discreto y muy atento, y, sobre todo, una comida sin riesgos, pero sabiendo perfectamente lo que tienen entre manos, pienso que es un buen exponente de asador vasco.

Así que, a pesar de lo meteorológico, apetecía salir cantando:

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martes, 20 de octubre de 2009

Parrilla El Charrúa (Gijón - Asturias)

PARRILLA EL CHARRÚA
C/ Bélgica 2, Gijón
Tlf. 985 38.00.14
http://www.parrillaelcharrua.es/

Por Compangu

Situado en el barrio gijonés de Pumarín, el local está dividido en diferentes espacios: el bar con barra grande, un comedor interior, y dos terrazas, ambas cubiertas, una exterior y otra interior, que fue donde comimos, y que, si el tiempo lo permite, constituye un lugar muy agradable por lo bien acondicionado que está y sobre todo por su tranquilidad.

Tengo que aclarar que los comensales éramos unos absolutos ignorantes en lo que a gastronomía uruguaya se refiere. Por esta razón, a la hora de pedir, tuvimos que recurrir al camarero para que nos informara de en qué consistían algunas de las opciones que figuraban en la amplia carta.

Al final, atraídos tanto por las escuetas explicaciones dadas como por los nombres desconocidos de los platos, decidimos pedir lo siguiente:

Matambre (7,50€). Falda de ternera rellena, más intensa que las encontramos en las preparaciones de por aquí. Rico fiambre.

Gauchitos (9,50€). Pequeñas albóndigas, en exceso secas, pero que sus acompañantes: una base de cebolla entre pochada y confitada, excelente, y cuatro salsas, hacían desaparecer esa tacha.

Patatón al Queso (6,50€). Quizá hubiera sido mejor que la patata estuviera asada, en vez de cocida. No obstante la calidad de la patata era notable.

Cebollón al Tuco (6,50€). Riquísima cebolla rellena de carne, con un gusto que recordaba a las cebollitas encurtidas, quizá no tan fuerte. Una de las sorpresas más interesantes.

Berenjena Rellena (9,50€)... rellena de pollo. Textura cremosa y sabor suave.

Camdombé (8,50€). Un hamburguesón especiado y jugoso, a lo que contribuía el estar cubierto de mozzarella.

Chorizo Criollo (3,75€). Había que probar la parrilla, y fue una pena no tener sitio para más propuestas, pues las había y en buen número, pero ya estábamos al límite.

Tartas (3,50€ c/u). Una de queso muy normalita, y otras dos, a base de dulce de leche, una con más bizcocho, ambas golosísimas.

En una carta de vinos muy convencional elegimos el Enate (10,75€), y acabamos con unos Chupitos Uruguayos (2,75€ c/u).

Comprobareis que no me extendí tanto como en otras ocasiones, pero es que, vista la cantidad de platos probados, tampoco es cuestión de dar el coñazo en exceso.
En resumen, fue una pitanza muy entretenida en la que comimos como “una lima nueva” (camarero dixit).

A mis compis y a mí eso de probar cosas diferentes y ”raras” es algo que nos tira mucho, y había que aprovechar la oportunidad, pues tampoco por estas tierras tenemos opciones tan auténticas como esta.

Terminaré hoy con una obra maestra de un MITO, que los uruguayos consideran su paisano, y que nos observaba desde las paredes del local, recomendándonos que a este sitio hay que volver.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Hotel Restaurante Cabo Vidio

HOTEL RESTAURANTE CABO VIDÍO

A-8 SALIDA 445, Desvío Valdredo, Oviñana, Cudillero
Tlf. 985 59 61 12
Mvl. 675 60 40 41

http://www.cabovidio.com/

Por Compangu

Llegamos a eso de las 15:30, sin reserva, por lo que estuvimos a punto de quedarnos sin mesa. La primera impresión al llegar es la de un hotelín coqueto, piedra y madera, con un patio que aprovechan para poner mesas del restaurante. Pese a la proximidad de la Autovía, la sensación es de tranquilidad y calma.
Nos sitúan en el comedor, cosa que prefiero, pues comer fuera no es algo que me guste especialmente. Antes de entrar, impresiona un poco la pegatina de la recomendación de la Guía Michelín; al lado está la carta, sencilla y clara: entradas con ligeros toques de innovación (ensalada de bonito en escabeche casero, foie con confitura), pescados de la zona en preparaciones principalmente tradicionales, y carnes varias, me enteré después que tienen un cordero que está unas 18 horas a cocción lenta.

El local, de decoración clásica, en madera oscura, da una sensación muy acogedora y está dividido en dos zonas separadas por biombos: una pequeña barra en la que una pizarra ofrece tapas con un puntín de elaboración, creo recordar que a 8€; y el comedor propiamente dicho, con una gran cristalera que aporta luminosidad incluso en los comunes días grises de por aquí, y que asoma a un jardincillo ideal para tomar el café o la copa del final.

Al ser la hora que era, y estando todas las mesas de fuera ocupadas, era normal que tardaran un poco en atendernos, lo que no fue tan normal fueron las amables disculpas y el obsequiarnos, para hacer más llevadera la espera, con un trozo de Pastel de Cabracho, con el sabor del pescado atenuado por la verdura, aparte del aperitivo de la casa: un Gazpacho ligero y con ese gusto casero que no se puede encontrar en los tetrabriks.

Nos viene a tomar nota el propio chef y, tras las sugerencias, nos decidimos a pedir:
Pulpo con Vinagreta de Pimientos y Patata (16,00€). Rodajas de pulpo cocido, rematado con un braseado, al que acompañaba lo que en realidad era un pisto de pimientos y un puré de patata. El conjunto estaba muy conseguido, pues el pisto y el puré (nada graso) complementaban muy bien a unos trozos de pulpo de grosor, textura y sabor medios.

Carrilleras de Ibérico (17,00€). Tres generosos trozos de unas carrilleras tiernas al máximo, con una salsa de tomate espesita y sabrosota y unas patatas fritas, aparte, para acompañar el plato. No es mi plato de carne favorito, supongo que por estar presentes últimamente en todas las cartas, pero estas merecieron mucho la pena.

Lomo de Bonito (16,00€). Que al final acabó siendo morro, parte más jugosa, que se presentaba con acompañamiento de patatas, canónigos y dos tomates confitados que quitaban el hipo. La pieza era de un nivel altísimo, se preparó a la plancha y se terminó al horno. Color blanco, con un punto perfecto. Jugosísimo y muy rico.

De postre una Tarta de Queso con Mermelada de Fresa (6,00€). La tarta no era de las basadas en queso de untar, sino de esas cuajadas y con más intensidad, y la mermelada, que a la vista parecía un poco deslavazada, concentraba bien la dulzura natural del almíbar y la fruta. Llambionada contundente.

La carta de vinos estaba prácticamente basada en opciones nacionales, aunque con rarezas apetecibles, y a precios contenidos. El que escogimos fue un Waltraud 2007 de Bodegas Torres (20,00€), a base de Riesling. El vino era fresco y fácil de beber; pero algo flojo, de esos que no te queda en el recuerdo.

Terminamos charlando con el cocinero, Jairo López, con el que hablamos de la importancia en la cocina de la influencia familiar, de ginebras, de purés de patata grasos y de unas cuantas cosas más. Tanta palabrería necesitó la ayuda de un Mini Gin Tonic de Citadelle con Schweppes (3,00€), que tienen en la carta en la parte de aperitivos, junto con otros combinados, pero que yo preferí para rematar la pitanza. Uno que es muy de costumbres.

Al final, con pan (muy bueno) y agua, sumó un total de 80,40€ para dos personas (y media), un precio muy ajustado para la cantidad, y sobre todo la calidad de lo comido.

Así que fue una comida muy agradable y una grata sorpresa descubrir este restaurante, ya que esta zona de Cudillero y alrededores está necesitada de este tipo de locales en los que se supera la media general en instalaciones, en servicio, y por último, y lo más importante, en lo que te encuentras en el plato.

Y después, a disfrutar de las vistas:

sábado, 29 de agosto de 2009

Restaurante Jose María (Segovia)

MESÓN-RESTAURANTE JOSÉ MARÍA
C/ Cronista Lecea 11 - Segovia
Tlfn. Reservas: 921.46.11.11
http://www.rtejosemaria.com/

Por Compangu

La única vez que había estado en Segovia fue una parada rápida, para cenar y hacer noche. En aquella ocasión pude disfrutar muy poco de la belleza monumental de la ciudad (apenas un paseo con el Acueducto como protagonista), aunque sí de una buena cena en el Restaurante MARACAIBO.

Esta vez fue diferente. Con un día primaveral, rozando lo veraniego, tuvimos la oportunidad de volver a recrearnos con esa maravilla de la ingeniería que es el Acueducto, que ahí sigue, sin argamasa, ni cemento, ni ná..., sólo con pensarlo ya es mareante. Y tras un paseo “medieval” por las calles Cervantes y Juan Bravo, con parada en el mirador de esta última y vista impresionante de la Sierra de Guadarrama, entramos en la Plaza Mayor. Muchos de los locales de Segovia de los que escuché hablar están por la zona: CÁNDIDO, CASA DUQUE, VILLENA..., y en todos, excepto en el último, que tiene una idea más moderna, la propuesta es similar.
Pero tras las preceptivas consultas (gracias Aloque) nos decidimos por este restaurante, que nada más entrar da impresión de amplitud, de bar espacioso, con larga barra, espacio para mesas y comodidad para el tapeo, y eso aun cuando estaba bastante concurrido. Luego están los salones, con mesas grandes y espacio entre ellas, también todos casi llenos, a pesar de ser de buena capacidad y ser un jueves a la hora de comer.
La decoración es la que se puede esperar de un mesón castellano: estandartes, armaduras, blasones..., pero sin mucho recargo.

Una vez en la mesa, sin reserva previa y silla de niña incluida, para lo que nos dieron todas las facilidades, vamos a por la carta, en la que llama la atención la gran cantidad de platos.
Empezamos con Bonito escabechado con pimientos asados, cebolletas dulces y aguacates (15,79€). Tienen fama en Castilla de currarse muy bien los escabeches, y este plato es un buen ejemplo de ello. El bonito no perdía su sabor, sino que el escabeche lo que hacía era darle un giro de acidez muy sabroso, poniendo las verduras el justo contrapunto dulce. Una entrada liviana para dejar hueco a los siguientes platos principales.

Mollejas de corderito lechal con setas y ajetes tiernos (16,92€). Presentadas en cazuelita de barro, con un corte no muy fino, y acompañadas, además de lo dicho, por unos piñones, me decepcionaron un poco; soy un forofo de la casquería en general, y de las mollejas en particular, y en estas vi un exceso de aceite, que quizá fuera la causa de que el fino sabor de las mollejas estuviera demasiado diluido entre el de las setas y lo demás.

Y el gran objetivo de la comida: Cochinillo asado de nuestra corte y hornada D. Marca de Garantía “Cochinillo asado de Segovia” (21,03€). El cochinillo es un plato que persigo, es raro que lo vea en una carta y, si me presenta las mínimas garantías, no lo pida. Pero este era de otra división. Una piel fina, con el grado de crujiente en su punto justo y el sabor concentrado y tan propio de la buena corteza porcina. Y la carne blanca, de gochinos alimentados exclusivamente de leche, con una textura casi cremosa, jugosa al máximo, y gusto suave y exquisito. Se acompaña de una jarra con salsa producto de la cocción en horno, pero estaba tan en su punto que no hizo falta usarla. (Recomiendo pinchar sobre la foto, para ampliarla y apreciar mejor el “esplendor” de un plato cuyos únicos ingredientes son el cochinillo, sal, agua, aceite... y calor).

De postre tomamos Tarta de Segovia (7,38€). Parece un precio caro, pero vista tanto la cantidad –suficiente para los tres comensales- como la calidad, el precio es ajustado. La tarta consiste en una magnífica la combinación de yema, mazapán y bizcocho borracho. Postre contundente y de alto grado de dulzor, recomendable para los paladares más llambiones.

Destacar que el vino de la casa es el cosecha de Pago de Carraovejas, bodegas propiedad de los dueños del restaurante. Resulta un vino muy honesto, utilizando un término que usa mucho J.L. Louzán, y que me parece muy bien traído a este caso, pues teniendo en cuenta su precio, vale mucho más de lo que cuesta.

En definitiva, una opción muy atractiva para el que quiera conocer una buena muestra de la cocina de la zona, tanto por variedad como por nivel, y a un precio que gana en todas las comparaciones con otras ofertas de Segovia.

Ahora sólo me queda desearos una plácida digestión, a lo que os ayudará escuchar esto.

viernes, 19 de junio de 2009

El Origen


El Origen.

Por Compangu

¿De dónde nos viene esta afición por la Gastronomía? ¿Cuál es el origen de este entretenimiento que roza la pasión?

Hablas con la gente y, como en todo, te encuentras las más diversas respuestas. A unos un plato excelso les abrió los ojos, y el resto de los sentidos, a un mundo de sensaciones. Otros, por el hecho de empezar a vivir solos, hicieron de la necesidad virtud, y quedaron prendados para siempre de los fogones. También los hay que por tener que cumplir con la condena de comer habitualmente fuera de casa le cogieron el gusto a buscar la excelencia hasta en los más recónditos rincones...

En mi caso lo tengo muy claro. A mí la inquietud por todo lo que rodea a este universo me la contagió mi padre.

Lo primero que hacíamos al llegar a Oviedo era ir a por un auténtico centollo del Cantábrico a Casa Muñiz; recuerdo que me engañabas llamando “la caca” al carro del bicho para así disfrutarlo tú, y recuerdo cuando me descubriste el engaño y compartiste aquella maravilla conmigo, aquel sabor que jamás olvidaré. Las angulas en ensalada, cuando todavía se podían comer, que preparabas crudas, con un chorrín de aceite y un poco de ajo picado. Ibas a comprar jamón “del güeno” cuando se acababa el de Trevélez, para preparar unos bocatas de jamón “a la catalana” que a día de hoy no he conseguido igualar ¿será la cantidad de ajo, el tipo de aceite…?
Verte preparar una paella desde las 10 de la mañana, amontonando plato tras plato en el fregadero. O las migas de tu tierra, con aquellas combinaciones imposibles: uvas, melón, boquerones, morcilla frita ...

Poner los ojos en blanco por la suerte de poder disfrutar en nuestra propia casa de una cocinera de lujo como mamá, de sus lentejas o su tortilla, las mejores del mundo. La curiosidad ante sus nuevas recetas, que le daban en el trabajo.

Insistías en que no comiera como los pavos, sino despacio, saboreando. Comer no es un acto místico, de respeto y silencio; sino un momento de goce, de placer, de disfrutar de lo que se tiene delante. Y con pan, sobre todo con pan, ese pequeño tesoro que tanta importancia tiene y que a veces ninguneamos.

También estaban las conversaciones alrededor de una ronda de las insuperables cañas del Mesón Cantábrico, cuando era el Mesón Cantábrico, acompañadas de esos cangrejos de río y su salsa, para chuparse los dedos, literalmente; o de mis primeras tablas de pulpo a la gallega.

Y el vino. Desde los incipientes tientos a la bota de vino en nuestras jornadas de caza, al descubrimiento del Cabernet Sauvignon de Bodegas Morenito. Nunca te vi darle vueltas a la copa, ni decir que te olía a esto o a lo otro. No buscabas el disfrute intentando adivinar qué sugerían aromas y sabores, simplemente gozabas bebiéndote unos vasos en la cocina, mientras de fondo se escuchaba al televisor dando la tabarra.

Hoy hace cinco años que te fuiste, rápido, sin tiempo para despedirnos. Y aquí me ves, juntando palabras en tu recuerdo, palabras que puede leer cualquiera que pase por aquí (¡quién te lo iba a decir!), y que espero que tú también puedas leer. Hoy abriré una botella de vino y recordaré tus palabras: “No guardes el buen vino para los grandes acontecimientos, porque abrir una buena botella ya es un gran acontecimiento”.

Y por supuesto me la beberé, a tu salud, escuchando a nuestro gran Frankie.

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Foto.: Orgiva, La Alpujarra, Granada (su pueblo).

martes, 26 de mayo de 2009

Premio Navarra Gourmet Al Mejor Blog Gastronómico Revelación 2009


Lo primero, gracias, gracias y gracias a todos/as, y en especial a mis dos socios y colaboradores en este blog, Cavatappi y Compangu.

Está claro que sin su colaboración, este blog no sería lo mismo.

Así mismo agradecer al jurado (Carlos Maribona, Marta Borruel, Miguel Vila, José Luis Orihuela y Roberto González) la concesión del mismo.

Como no felicitar al resto de los galardonados:

* Diario Del Gourmet De Provincias y Del Perro Gastrónomo (Mejor Blog Gastronómico)
* El Cocinero Fiel (Mejor Vídeo Blog)
* Garbancita I+D En Mi Cocina (Accésit Mejor Blog Gastronómico)
* El Blog De Bertus (Accésit Mejor Blog Gastronómico Revelación)

Enhorabuena a todos vosotros.

Una pena el no haber podido acudir a Navarra Gourmet a recibir el premio, ya que me hubiese hecho ilusión el compartir ese momento con el resto de galardonados, ponentes, miembros del jurado y asistentes al congreso.

En fín, otra vez será ...

Video de la entrega de premios que me encontré en You Tube de la web Gastronomía&Cia.

viernes, 10 de abril de 2009

Parrilla El Sena (Torazo - Cabranes)(Asturias)

Parrilla EL SENA
Torazo - Cabranes
Tlfn.: 985.89.80.86

Por Compangu

Una de las cosas que más nos alegran a la hora de salir a comer fuera es descubrir un sitio del que no hayamos oído hablar antes y acertar. Y por supuesto, compartir después el hallazgo.

Eso fue lo que sucedió en una excursión que hicimos a Torazo, localidad del concejo de Cabranes galardonada el año pasado con el Premio al Pueblo Ejemplar que concede la Fundación Príncipe de Asturias. Premio a parte, el pueblo es un ejemplo de lo guapinos que pueden quedar estos pequeños núcleos con el esfuerzo de sus apenas 100 habitantes.

A la hora de comer había pocas opciones. Una era la HOSTERÍA DE TORAZO, de la que ya habló Fartones (tanto del restaurante como de la cafetería); otra, la Parrilla EL SENA. Dos propuestas antagónicas en lo que se refiere a presentación.
Es este un local viejo, con una zona de bar, y dos comedores, uno abajo y otro más amplio arriba; no es este un lugar donde buscar el lujo en los complementos. Sin embargo el lujo se encuentra en alguno de sus platos.

La sopa de pescado (3,00€) puede ser un agradable comienzo para un día frío, aunque en mi opinión se puede prescindir de ella. Más que sopa es un término medio entre caldo y crema de andaricas, con una fuerte presencia de pimentón.

El codillo de cerdo (8,00€) es un perfecto ejemplo de cocina “a fuego lento”. Apuesto a que este ejemplar de tamaño generoso estuvo soltando sus jugos en el horno no menos de 6 o 7 horas. El resultado: una carne blanda, con el sabor profundo y a la vez suave de la buena carne de cerdo asada, realzado por una salsa que lo hacía mantenerse jugoso hasta el final. Completaban el conjunto un poco de lechuga y tomate de buena calidad, un trozo de pimiento normalito, y unas patatas fritas de gran nivel: buen tamaño, crujientes por fuera, blandas por dentro y que sabían a patata de verdad.

Con el solomillo de cerdo (10,50€) nos llevamos la suculenta sorpresa de la comida, tanto por presentación como por resultado. Consiste en un solomillo abierto, al que previamente se ha tenido macerando en un chumichurri de un nivel de picante y acidez suave, para no quitarle excesivo sabor a la pieza; y que luego se hace a la parrilla, preguntando la camarera antes cual es tu punto preferido. El mío, en lo que se refiere al cerdo, es poco hecho por dentro y churruscadín por fuera para que se note el sabor de la parrilla. Mi ración, y las de los demás, las cuadraron. El acompañamiento era el mismo que en el plato anterior.

Y llegamos al lujo del que hablaba antes: el arroz con leche (3,75€). Tiene Cabranes fama de ser el concejo donde mejor se hace este postre. No puedo corroborar esa afirmación tan general. Lo que sí puedo decir es que el arroz con leche que comí aquí es de una calidad suprema. Presentado en un tazón de barro, de textura cremosa, grano blando pero no deshecho, con el requemao justo para conseguir ese contraste de texturas que tanto se agradece (maldigo desde aquí la canela en polvo); de un gusto en el que se vuelve a notar la paciencia en la elaboración, con esa pizquina de sal para rebajar la excesiva dulzura, y que te queda en el paladar como un recuerdo del que nunca te vas a querer olvidar. Absolutamente genial.

La bebida fue un Rioja del montón, llamado curiosamente Marqués de Torazo (7,00€), y sidra (2,00€), que para eso estábamos en la Comarca de la misma.

En definitiva, el sitio puede tomarse como la parada de avituallamiento dentro de una excursión por esta zona, tan desconocida para muchos, y para mí el primero; o bien, si eres un adorador de la Secta del Arroz con Leche, como un lugar de peregrinación obligado, por lo menos, una vez en la vida.

Y, como tantas veces que me obsequio con paisajes montañosos, se me vienen a la cabeza melodías y leyendas como esta de la Rosa Negra.

Pd.: Como se suele hacer en estas ocasiones, pido mis más sinceras disculpas por la calidad de las fotos, hechas con el móvil.

jueves, 5 de marzo de 2009

Bar Cares (Oviedo - Asturias)

BAR CARES
C/ Gregorio Marañon, 29 - Oviedo
Tlfn: 985.25.36.57

Texto: Compangu
Foto: El Diletante

No es tan difícil disfrutar en esto del comer.
Cuando se conjugan sencillez y honradez se pueden conseguir cotas de satisfacción a las que muchos cocineros querrían llegar, pero que para conseguirlas se meten en laberintos mentales que, al final, no acaban en nada. Lo importante siempre será que en el producto no haya engaños, y que lo que haga el cocinero, más o menos complicado, con técnicas más o menos modernas, esté bien hecho. A estas impresiones tan evidentes, pero que a veces se nos escapan, llegué yo tras visitar este local, que conocimos gracias a Manu.

El Bar Cares, es precisamente eso, un bar. Un bar pequeño, con televisión (de plasma, eso sí) a volumen generoso, con espacio para cuatro o cinco mesas de cuatro comensales, manteles de papel, y vajilla, cubiertos y cristalería “de batalla”, pero en buen estado.
Cuando te entregan la carta, lo primero que tienes que tener claro es que la gran especialidad de la cocina es el pulpo. A parte del pulpo, en la carta hay preparaciones básicas (patatas tres salsas, lacón con cachelos...) y alguna cosuca un pelín diferente (revuelto de ortigas y gulas o provolone a la plancha con cecina).
Nosotros quisimos pedir, aparte del pulpo, chosco con patatas, pero el dueño nos advirtió de que quizá fuera demasiada comida, y, siguiendo su recomendación, acabó en la mesa un revuelto de morcilla matachana.
El revuelto venía en una presentación original: debajo el huevo, en medio la morcilla, y encima de todo unos pimientos rojos. La mezcla estaba bien conseguida, aunque quizá noté la morcilla demasiado suave y algo falta de sabor. El contrapunto lo ponían los pimientos, aliñados con aceite y un buen vinagre blanco, que realzaban el sabor del conjunto.
Y vamos con la estrella de la noche: el pulpo. Lo ofrecen de dos maneras:
Pulpo a la plancha. La presentación no es la típica en rodajas, sino en tiras longitudinales de más o menos un palmo, a la plancha, acompañado de sal, aceite y pimentón, los tres en su justa medida. Personalmente el regustillo que le deja la plancha al pulpo es algo que me vuelve loco. Gran plato.
Más me gusto el Pulpito a la plancha. Yo me imaginaba pulpitos de no más de diez centímetros, chiquitinos, como los que alguna vez vi por la costa mediterránea. No es eso. Es un pulpo entero, de más o menos un kilo, presentado de una pieza y también con sal, aceite y pimentón, aunque aquí se notaban menos. Lo que más predomina en esta preparación era la jugosidad en los trozos más gordos, con ese punto de textura, ni duro ni blando, que al meterlos en la boca te mostraban el auténtico sabor del pulpo.
Las dos presentaciones de pulpo se acompañaban con una cantidad abundante de patatas de buen tamaño, cocidas enteras y con sabor potente, es decir, unos cachelos. Tan simple que parece increíble que sea tan complicado encontrarlos por ahí.
Mención especial merece el pan. Un pan de hogaza, pan de pueblo, de corteza dura y miga espesa, ideal para mojar y mojar en la salsa de pimentón y aceitín.
La carta de vinos no depara sorpresas, riojas habituales y blancos gallegos (albariños conocidos y unos cuantos de ribeiros y godellos) sin mucho que destacar. Como curiosidad, decir que tienen ese ribeiro en jarra y tacinas blancas, que tanto frecuentaba de chavalete; refrescante y baratín, puede ser una opción.
Como postre casero pedimos una tarta de queso (hecha con la repetidísima receta a base de Philadelphia) bastante normal. También tenían arroz con leche.
Con tres mahous “de espera”, una botella de Godello (de cuyo nombre no quiero acordarme) y un café, salimos a 20€p/p (la ración de pulpo, en sus dos presentaciones creo recordar que está a 15€).
De remate, y por la cara, chupitos de orujo de café y tostado. El primero estaba golosón, espeso, muy bueno. Pero el segundo era un peligro. Gracias a Dios que quitó la botella, si no aquello acaba en tragedia.

En resumen. Los amantes del pulpo tenemos en Oviedo y alrededores un nuevo templo de obligada visita. Pulpo hecho con sencillez y local que destila honradez. Para salir satisfecho (no como estos jovenzuelos).

jueves, 23 de octubre de 2008

Restaurante EL ÁLAMO (I Jornadas Gastronómicas En El Occidente De Asturias)

Rapalcuarto - Tapia De Casariego
Reservas: 985 628 649 / 985 472 649
http://www.restauranteelalamo.com/

POR COMPANGU

Parar a comer a la vuelta de unas minivacaciones, en medio de un viaje de algo más de tres horas por carreteras que van de autovías de máxima calidad a nacionales en obras que transitan por interminables núcleos urbanos, con el cansancio acumulado de tres días llenos de recuerdos gastronómicos soberbios (ratifico la veracidad de la leyenda urbana de que se come mejor pulpo en el interior gallego que en la costa), y con el regusto amargo que tiene el volver a la realidad, tiene más inconvenientes que ventajas. Si a eso le añadimos la obligatoriedad de tener que acompañar con agua la comida, lo que, para mí, es mutilarla, entenderéis que la predisposición al entrar al restaurante sea más negativa que positiva.
Pero bueno, voy a comer a un sitio recomendado por un buen conocedor de la zona y con un criterio que me ofrece total confianza, el menú que ofertan cuadra bastante con mis gustos, y tiene un precio de lo más atractivo. Así que vamos allá:
La impresión que da el local nada más entrar es que se trata del típico bar de carretera (la antigua a Galicia), al que la presencia de la Autovía del Cantábrico daña bastante. Pero luego, pasas al comedor y entras en un espacio tranquilo (a pesar de estar casi completo), con una sencilla elegancia, sin alharacas, y que invita a disfrutar de un buen rato.

El menú se compone de:
- “Paté de oricios y croquetas de marisco” , como aperitivos, ambos en raciones abundantes. Las segundas mejor que el primero, al que quizá le faltaba algo de contundencia en el sabor. En cambio las croquetas, de pequeño tamaño, lo que, personalmente me gusta más, tenían un rebozado consistente y nada grasiento, que contrastaba muy bien con la cremosidad sabrosa de la besamel.
- De primero, “Fabas con almejas”. Aquí llegó mi pequeña decepción. Servidas en cazuela de barro, en cantidad suficiente para plato y medio por comensal, las notables almejas no tuvieron a su altura a las fabas, y el conjunto quedó un pelín flojo.
- Continua el menú con “Merluza mariscada”. Un lustroso lomo de merluza de buena calidad se acompaña de unas gambas, pequeñas y con sabor, ya limpias, unas almejas de no tan buena presencia como sus predecesoras, y unas patatas panadera. La salsa del “amariscamiento” tiene la medida justa para no quitar protagonismo a la base del plato.
- Y de postre, “Leche frita sobre crema de arroz con leche”. Singular combinación, para paladares muy “llambiones”, en la que sobraba el chocolate que remataba el conjunto.
Como ya dije, todo acompañado, de dos botellas grandes de agua Fuensanta, y dos copitas de Vino De La Tierra De Cangas (http://www.vinotierracangas.com/) que, como era de esperar, se quedaron escasas.

Quisiera destacar por último el servicio de este restaurante, de una profesionalidad digna de mención, y sabiendo resolver con total amabilidad todas las cuestiones que puede plantear la presencia de una pareja, con una bebé de dos años, sillita, trona y puré incluidos.
Siendo el precio del menú 25 €/persona y teniendo en cuenta que una botella de agua, los dos vinos, un café solo y un chupito de hierbas fueron obsequio de la casa, me parece una opción muy recomendable.

Yo sólo tomé el citado menú, pero me quedé con ganas de probar el pulpo, que, con una muy buena pinta, estaba presente en casi todas las mesas. La carta, tanto de comida como de vinos -con una bodega centrada en lo español, pero con bastantes opciones-, la podéis ver (sin precios) en su web.

Y para terminar lo mejor, que fue la conversación, otra vez más breve de lo deseado, mientras compartíamos un café, con el dueño de este blog, que me ha hecho el honor de dejarme plasmar mis impresiones en sus páginas. La cuestión de porqué personas anónimas que apenas se conocen entre ellas, salvo por “conversaciones virtuales”, llegan a tener ese grado de buen rollo, es un tema que daría para unos cuantos post más.

Pd.: y como la comida estuvo precedida de una visita a la Playa de las Catedrales y al puerto de Tapia, os dejo con esto que tan bien acompaña un atardecer junto al mar.


Gracias por todo Tony, gracias hermano.